MIG frente a TIG: en qué se diferencian realmente
Un electrodo se funde y el otro no — y de ahí sale todo lo demás. Velocidad, calor, destreza, gas y coste, y qué proceso conviene a cada trabajo.
Pregunta qué separa el MIG del TIG y obtendrás una lista: velocidad, calor, proyecciones, aspecto, precio. Todo es cierto, y todo se deriva de una única diferencia mecánica.
En MIG el hilo es el electrodo, y se funde. En TIG el electrodo es de tungsteno, y no se funde. Lo demás viene detrás.
La única diferencia de la que sale todo
En MIG —formalmente GMAW, soldadura por arco con gas y electrodo metálico— una bobina de hilo avanza de forma continua a través de la antorcha. Ese hilo conduce la corriente, ceba el arco y se funde en la unión. Aporte y arco son la misma cosa, llegan a la vez y en la cantidad que marque el alimentador. Es una disposición rápida por naturaleza, y basta una mano y un gatillo.
En TIG —GTAW, soldadura por arco con electrodo de tungsteno y gas— el electrodo es de tungsteno, elegido porque funde a mayor temperatura que cualquier cosa que se esté soldando. Ceba el arco y se queda donde está. El material de aporte, si la unión lo necesita, procede de una varilla independiente que el soldador moja en el baño. Dos manos, dos ritmos y control completo sobre cuánto metal entra y cuándo.
Esa es toda la distinción. El resto de esta página son sus consecuencias.
Velocidad y tasa de deposición
Como el aporte del MIG se alimenta solo, deposita mucho más metal por hora del que puede aportar una mano. El TIG manual convencional ocupa el extremo inferior de cualquier tabla de deposición —en torno a 0,3 kg/h es lo habitual— mientras que el MIG multiplica varias veces esa cifra.
En espesores grandes y cordones largos, esa distancia decide el trabajo. Un taller de estructura metálica que une chapa gruesa no va a mojar varilla a mano, y ningún argumento sobre calidad lo cambiará.
Aporte térmico y deformación
La velocidad del MIG se paga con calor. Más intensidad, más aporte, más energía en la pieza — y el aporte térmico es lo que provoca deformación, tensiones residuales y, en aleaciones resistentes a la corrosión, la pérdida de las propiedades por las que se eligió el material.
El TIG aporta menos. Un arco más estrecho y más controlable, con un relleno más lento y deliberado, produce una zona afectada por el calor más estrecha y una pieza que se mantiene más cerca de su forma prevista. En chapa fina eso no es un refinamiento sino un requisito: el calor del MIG perfora material que el TIG une sin dificultad.
Limpieza: proyecciones, escoria y fusión
El MIG proyecta. Cuánto depende del modo de transferencia, del gas y de los parámetros, pero proyecta, y las proyecciones hay que quitarlas. Además conlleva riesgos reales de falta de fusión y malos empalmes, defectos que se esconden bajo un cordón de aspecto perfectamente aceptable por fuera.
El TIG no hace ninguna de las dos cosas. No hay escoria, no hay limpieza entre pasadas, y el baño de fusión es visible y controlable en todo momento. Por eso los códigos especifican TIG para las pasadas de raíz, para equipos a presión y para todo lo que se vaya a radiografiar.
Destreza
Aquí es donde más divergen para un taller que necesita contratar.
El MIG se aprende rápido. Un soldador capaz es productivo en cuestión de días, y el proceso perdona bastante.
El TIG manual es un oficio de verdad. Guiar la antorcha, mojar la varilla al ritmo, mantener un arco corto sin tocar el tungsteno y contaminarlo: eso lleva meses de aprendizaje y años de dominio con calidad normativa. En un mercado con escasez de soldadores cualificados, esa diferencia es una restricción de negocio, no una nota técnica al pie.
Gas de protección
El MIG utiliza una mezcla activa —argón con CO₂ para acero, o pequeñas adiciones de oxígeno— que estabiliza el arco y da forma al cordón. La A de MAG significa gas activo.
El TIG necesita una protección realmente inerte, en la práctica argón puro. No son intercambiables en ninguna dirección: el gas del MIG destruye un electrodo de tungsteno, y el argón puro da un arco pobre en MIG sobre acero. Si es ese lado del trabajo el que hay que resolver, la guía del gas de protección trata pureza, caudales y purga en detalle.
Coste
El precio del equipo no se diferencia lo suficiente como para decidir nada. Lo que cambia es lo que cuesta el cordón una vez hecho.
El MIG gana en tiempo de arco y consumibles. El TIG gana en todo lo que ocurre después: no hay proyecciones que amolar, no hay escoria que picar, no hay limpieza entre pasadas y la tasa de rechazo en trabajo inspeccionado es menor. En un trabajo sin inspección y con metalurgia indulgente, el MIG sale más barato. En un trabajo donde un cordón rechazado significa cortarlo y rehacerlo, la cuenta se invierte.
De un vistazo
| MIG / MAG (GMAW) | TIG (GTAW) | |
|---|---|---|
| Electrodo | Hilo, se consume | Tungsteno, no se consume |
| Material de aporte | El mismo que el electrodo | Varilla independiente, opcional |
| Gas de protección | Ar/CO₂, Ar/O₂ (activo) | Argón puro (inerte) |
| Tasa de deposición | Alta | La menor de los procesos habituales |
| Aporte térmico | Alto | Bajo |
| Proyecciones | Sí | Ninguna |
| Limpieza entre pasadas | Normalmente sí | No |
| Aprendizaje | Días | Meses o años |
| Trabajo típico | Acero grueso, producción, estructuras | Chapa fina, inoxidable, aluminio, titanio, raíces, trabajo normativo |
Cuál elegir
MIG cuando la prioridad es el rendimiento y la metalurgia es indulgente: estructuras pesadas de acero al carbono, cordones largos, fabricación en serie, piezas con tolerancias que admiten deformación y nada que se vaya a radiografiar.
TIG cuando el cordón tiene que ser demostrablemente correcto: chapa fina, inoxidable y dúplex, aleaciones de níquel, aluminio, titanio, pasadas de raíz en tubería, superficies higiénicas y todo lo que dependa de un código.
La mayoría de los talleres que hacen ambas cosas lo resuelven exactamente así: MIG donde manda el volumen, TIG donde manda la unión.
Dónde se ha movido la frontera
La comparación anterior describe las versiones convencionales de ambos procesos, y una parte de ella ya no es fija.
La tasa de deposición fue siempre la limitación del TIG, y la causa era la varilla fría: mojar metal frío en el baño lo enfría y obliga a avanzar despacio. El TIG de hilo caliente rompe ese vínculo. Una fuente independiente de baja tensión calienta el aporte hasta cerca del punto de fusión antes de que entre en el baño, y un alimentador lo entrega mecánicamente en lugar de a mano.
Eso cambia dos entradas de la tabla a la vez. La deposición sube a cifras propias del MIG —en torno a 4 kg/h y más, según la aplicación— mientras el arco sigue siendo un arco TIG: el aporte térmico, la ausencia de proyecciones y la calidad de fusión permanecen donde el TIG siempre estuvo. Y como el hilo se alimenta en lugar de mojarse, el operario gestiona ángulo de antorcha y avance en vez de un ritmo a dos manos, lo que acorta el aprendizaje de forma considerable.
Ese es el proceso que fabrica TIP TIG. Quien lo esté evaluando frente a una línea MIG ya instalada encontrará las cifras enfrentadas en la comparación directa.
En resumen
El MIG funde su electrodo; el TIG no. De ahí salen la velocidad, el calor y las proyecciones del primero, y el control, la limpieza y la exigencia de destreza del segundo. MIG para volumen sobre material indulgente, TIG para todo lo que deba superar a un inspector. Y conviene saber que la distancia en deposición —la razón que casi todos los talleres dan para no usar TIG— es justamente la parte de la comparación que los procesos modernos de hilo caliente han cerrado.